Transiciones vitales: mi transformación completa (2022)

El momento impactante que me empujó a buscar el equilibrio

¿Qué cambios saludables has hecho en tu vida, y cómo encontraste la motivación para llevarlos a cabo?

Desequilibrio frente a liberación: de la comida procesada y el agotamiento a una vida equilibrada y holística

De la comida al equilibrio, y del equilibrio a la liberación

Mis orígenes

Desde pequeña, la comida siempre ha tenido un significado especial para mí. Criada en España, donde la dieta mediterránea está considerada una de las más saludables del mundo, tuve la suerte de aprender muchísimas recetas de mi madre y de mi abuela.

En España la comida se vive como un ritual social. Para mí es un momento de reunión con la familia y las amistades, de pasarlo bien, de intercambiar risas e historias y de disfrutar, todo ello acompañado de platos suculentos como las tapas y de un buen vino.

Sin embargo, la clave de por qué allí se mantiene un estilo de vida saludable no es solo el efecto placebo, sino el equilibrio. El efecto placebo de disfrutar y reservar tiempo para la vida social contribuye enormemente a la salud mental y emocional. Aun así, el equilibrio combinado con una rutina saludable es fundamental.

¿Cómo incorporan las personas en España ese equilibrio a su rutina diaria?

Mucha gente va al mercado a comprar alimentos frescos y ecológicos que cocina a diario. Desayunan ligero: un zumo de naranja con una tostada de tomate natural y aceite de oliva virgen extra. Van andando al trabajo si viven en el centro, y a menudo vuelven a mediodía a comer algo casero. De vez en cuando, después del trabajo, quedan con amigos para un café o para una cena ligera, una tapa en un bar. Esa reunión social vinculada a la comida es lo que ayuda a estar mental, emocional y físicamente más sana. Sin embargo, faltaba un elemento en esta historia. Lo descubrí años después y me hizo dar un giro a mi vida: la relación espiritual con la comida.

Del equilibrio al desequilibrio

Fue en 2009, al mudarme a Londres, cuando el ritmo de mi vida cambió drásticamente. Pasé de ser una profesora de instituto normal a trabajar en tres empleos a tiempo parcial mientras estudiaba mi máster para poder dar clase en la universidad, que era lo que entonces creía mi sueño. Tras meses de trabajo intenso y ritmo frenético, mi cuerpo cambió. No tenía tiempo para comer bien ni dinero para comprar alimentos frescos y ecológicos. Muchas veces tuve que comer arroz y comida congelada. Como consecuencia, perdí mucho peso y mi salud se volvió delicada. Mi sistema inmunitario se debilitó, con más resfriados e infecciones. Me sentía mentalmente agotada, físicamente exhausta y emocionalmente aislada.

Dos años después, al terminar el programa, conocí a mi marido, que venía de Estados Unidos por trabajo. Seis meses más tarde me mudé con él a Maryland y empecé una vida nueva allí. Siguiendo sus hábitos, comencé a comer alimentos poco saludables y a aumentar el azúcar y la cafeína en mi dieta, con la consecuencia de ganar peso. Cuando nos mudamos de Baltimore a Annapolis recuperé mi rutina saludable. Mi cuerpo volvió a un peso normal y me sentí renovada, pero no por mucho tiempo. Varios años después me quedé embarazada y de nuevo empecé a comer peor de lo que debía.

Tras el nacimiento de mi hija nos mudamos a Texas y allí empecé a consumir más carne de ternera. Comencé a tener problemas digestivos y desarrollé un tumor ovárico. Mi vida se tambaleaba, me sentía emocionalmente desbordada, pero en el fondo algo dentro de mí me daba esperanza de que aquello podía ser temporal y de que era posible sanar.

Del desequilibrio al equilibrio

Una mañana me desperté y sentí el cambio. Sentí que todo lo que estaba viviendo era el reflejo de no reservar tiempo para cuidarme. Estaba viviendo una vida que no era la mía, dedicada solo a complacer a los demás. Me comprometí a encontrar mi esencia real, y lo que ocurriera sería una bendición disfrazada que me empujaría a cambiar mi vida.

Decidida a hacer cambios radicales, empecé a practicar yoga (ejercicios, respiración, prana, meditación, dieta ayurvédica…) y a conectar con la Madre Tierra, incluyendo mis primeros pasos en el mundo chamánico. Aprendí a sentir el espíritu de las plantas y de los animales, y descubrí mi conexión con mi ser interior.

Cuando volví a la consulta médica para la revisión, los resultados fueron asombrosos. ¡Mi ovario izquierdo estaba limpio!

Aquel episodio milagroso me llevó a investigar qué había pasado. Sentí la motivación de comprenderlo para poder ayudar a otras personas a sanar.

Del equilibrio a la liberación

A partir de ese momento, mi vida cambió por completo. Me dediqué al estudio de la sanación en todos sus planos: físico, mental y espiritual. Me formé como coach en nutrición, yoga, chamanismo, mentalidad, mindfulness, relaciones y espiritualidad. Además, me convertí en practicante de energía y me certifiqué en hipnoterapia y PNL.

Hace un año abrí mi nueva escuela holística, The Mind, Body, and Spirit, una escuela internacional acreditada por la International Association of Therapists, donde se puede recibir coaching y sanación, y cursar formaciones de distintas modalidades.

Uno de mis programas insignia son los 7 Caminos, inspirado en mi propio viaje de transformación. Cada camino representa uno de los 7 chakras. En cada chakra, el alumnado aprende qué comer para sanar físicamente, además de qué terapias y técnicas emplear para sanar la mente y el espíritu. Al final del recorrido de los chakras alcanzarán la frecuencia y la cima de la iluminación: la liberación final, la misma que yo encontré a través de esta transformación intensa.